Domingo 22 Marzo •Fifth Sunday of Lent
Presencia
Me recuerdo a mí mismo, mientras estoy sentado aqui, ahora,
Dios me mira con amor y me sostiene en el ser.
Me detengo un momento y pienso en esto.
Libertad
«Hay muy poca gente
que se da cuenta de lo que Dios haría de ellos
si se abandonaran en sus manos,
y se dejaran formar por su gracia». (San Ignacio)
Pido la gracia de confiarme totalmente al amor de Dios.
Conciencia
Señor, Tú me has llamado «luz del mundo».
Permíteme ser siempre consciente de aquellos a quienes Tú quieres que sirva:
los hambrientos y los sin techo,
los enfermos y los indigentes,
el extranjero y el refugiado.
La Palabra de Dios
Juan 11:3-7,17,20-27,33-45 LBLA3 Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: Señor, mira, el que tú amas está enfermo. 4 Cuando Jesús lo oyó, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella. 5 Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7 Luego, después de esto, dijo a sus discípulos: Vamos de nuevo a Judea.
17 Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro días que estaba en el sepulcro. 20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, fue a su encuentro, pero María se quedó sentada en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. 23Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24Marta le contestó: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final. 25 Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, 26y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto? 27 Ella le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.
33 Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció, 34 y dijo: ¿Dónde lo pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35 Jesús lloró. 36 Por eso los judíos decían: Mirad, cómo lo amaba. 37 Pero algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera?
38 Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido en su interior, fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella. 39 Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió. 40 Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?41 Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído. 42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado. 43 Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44 Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadlo ir.
45 Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Él.
Inspiración
En el pasaje de hoy tenemos una de las grandes historias de Jesús y su gran amigo Lázaro. Sabemos que las pérdidas nunca son una parte agradable de la vida, y encontrarse lejos cuando se produce la muerte inesperada es aún peor. A todo este asunto se añade que la hermana del difunto, Marta, se tomó muy a pecho la ausencia de Jesús y su falta de respuesta. Nos quedamos con el suceso y observamos que ni siquiera la desesperanza de la situación disuadió a Jesús. Observamos que Él puede sacar el bien incluso de asuntos de vida o muerte, así que ¿sería posible que aprendiéramos a depositar nuestra confianza en Él en asuntos menores?
Conversación
Querido Jesús, puedo abrirte mi corazón.
Puedo contarte todo lo que me preocupa.
Sé que Te preocupas por todas las inquietudes de mi vida.
Enséñame a vivir sabiendo
que Tú, que me cuidas hoy,
me cuidarás mañana y todos los días de mi vida.
Conclusión
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio,
es ahora y será siempre,
mundo sin fin. Amén.
Amén
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