Martes de la cuarta semana de Adviento
Oración inicial
En la quietud de este momento, vengo con el corazón y mente abiertos, dispuesto a recibir tu paz y a descansar en la presencia de tu amor.
Escritura
Lucas 1:57-66
Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. 58 Y sus vecinos y parientes oyeron que el Señor había demostrado su gran misericordia hacia ella; y se regocijaban con ella.
59 Y al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y lo iban a llamar Zacarías según el nombre de su padre. 60 Pero la madre respondió, y dijo: No, sino que se llamará Juan. 61 Y le dijeron: No hay nadie en tu familia que tenga ese nombre. 62 Entonces preguntaban por señas al padre, cómo lo quería llamar. 63 Y él pidió una tablilla y escribió lo siguiente: Su nombre es Juan. Y todos se maravillaron. 64 Al instante le fue abierta su boca y suelta su lengua, y comenzó a hablar dando alabanza a Dios. 65 Y vino temor sobre todos los que vivían a su alrededor; y todas estas cosas se comentaban en toda la región montañosa de Judea. 66 Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Qué, pues, llegará a ser este niño? Porque la mano del Señor ciertamente estaba con él.
Reflexión
La circuncisión de Juan el Bautista fue un acontecimiento insólito para la comunidad local, pues no se esperaba que Isabel y Zacarías tuvieran hijos. ¿Qué debieron de pensar? ¿Un bebé a su edad? Zacarías se había quedado mudo, pero ahora hablaba. Había una sensación de asombro y admiración ante las bendiciones de Dios en sus vidas. Compartirlo con los demás les ayudó a fortalecer y profundizar su fe. Yo solía acudir fielmente a un grupo de oración en nuestro centro de retiros local, dirigido por un sacerdote jesuita. Al jubilarse, sugirió que nada nos impedía crear nuestros propios grupos en nuestras parroquias. Me animó a salir de mi zona de confort y, junto con otra hermana, dirigimos numerosos cursos sobre desarrollo de la fe, que no se habían intentado antes en la parroquia. Vamos juntos hacia Dios: nuestra fe no se vive aisladamente, sino dentro de nuestra comunidad. Dios exige que tengamos la libertad de romper con las viejas costumbres y probar algo nuevo. Juan se convirtió en Juan el Bautista, y su misión era preparar el camino al Señor. ¿Y nosotros, quiénes seremos? También nosotros estamos llamados a preparar nuestros corazones para la venida de Jesús en esta Navidad. ¿Podemos, mediante palabras amables, demostrar a los que están cerca de nosotros que nos importan, pasando tiempo con ellos, ayudando a satisfacer sus necesidades y ofreciéndonos a escucharlos cuando tienen problemas?
Oración de reflexión
Señor, haz que tu luz brille en mí y me guíe más allá de lo que me parece seguro o familiar.
Dame el valor de tender la mano y estar cerca de los demás tal como son.
Ayúdame a llevar calor a los que se sienten solos, y prepara mi corazón para darte la bienvenida en esta Navidad.
Oración final
Mateo 5:14-16
Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; 15 ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. 16 Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.