Lunes de la 4ª semana de Cuaresma
Reflexión
La Transfiguración de Jesús, presenciada por Pedro, Santiago y Juan, sirve como poderoso recordatorio de los momentos transformadores que pueden producirse cuando nos encontramos con lo divino. Los discípulos ven a Jesús en Su gloria junto a Moisés y Elías, simbolizando el cumplimiento de la Ley y los Profetas. Estas experiencias profundas pueden fortalecer nuestra fe y proporcionarnos claridad y aliento en tiempos difíciles. Estamos llamados a buscar y valorar estos momentos de revelación divina, permitiendo que transformen nuestra comprensión y profundicen nuestro compromiso con la misión de Dios.
Durante la Transfiguración, una voz procedente de la nube declara: «Éste es mi Hijo, mi Elegido; ¡escuchadle!». Esta directiva subraya la importancia de prestar atención a las enseñanzas de Jesús, sobre todo ante la confusión o la duda. Cuando los discípulos se enfrentaron a la realidad del sufrimiento y la muerte inminentes de Jesús, la orden de escucharle resultó crucial para su camino. Se nos recuerda que debemos dar prioridad a las palabras y la guía de Jesús en nuestras propias vidas, confiando en que Su sabiduría nos guiará a través de la incertidumbre y nos ayudará a navegar por las complejidades de nuestro camino de fe.
Oración inicial
Señor, concédeme verte más claramente,
amarte más entrañablemente, y seguirte más de cerca,
día a día.
Escritura
Lucas 9:28-36
28 Y como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29 Mientras oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su ropa se hizo blanca y resplandeciente. 30 Y he aquí, dos hombres hablaban con Él, los cuales eran Moisés y Elías, 31 quienes apareciendo en gloria, hablaban de la partida de Jesús, que Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros habían sido vencidos por el sueño, pero cuando estuvieron bien despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos varones que estaban con Él. 33 Y sucedió que al retirarse ellos de Él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es que estemos aquí; hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías; no sabiendo lo que decía. 34 Entonces, mientras él decía esto, se formó una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. 35 Y una voz salió de la nube, que decía: Este es mi Hijo, mi Escogido; a Él oíd. 36 Después que la voz se oyó, Jesús fue hallado solo. Ellos se lo callaron, y por aquellos días no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
Contemplación
Me tomo unos instantes para imaginar la escena del relato evangélico que acabo de leer. Dejo que las palabras cobren vida en mi corazón. Visualizo el acontecimiento como si estuviera allí y formara parte de la historia. Presto atención a todos los detalles, las imágenes, los sonidos, los sabores, los olores y los sentimientos del acontecimiento. Me imagino como uno de los personajes de la escena o como yo mismo presente en la historia. ¿Qué mensaje tiene Jesús para mí? ¿Cómo me está hablando Dios personalmente a través de esta historia? Abro mi corazón a la inspiración del Espíritu Santo.
Acción de Gracias
Pido a Dios, Padre, que me dé una conciencia clara de los muchos dones que he recibido,
para que, lleno de gratitud por todo, pueda en todo amar y servir a la Majestad Divina.
Compañeros peregrinos
Las cosas que amamos nos dicen lo que somos.
– Santo Tomás de Aquino
Oración final
Cristo conmigo,
Cristo ante mí,
Cristo detrás de mí,
Cristo en mí,
Cristo debajo de mí,
Cristo arriba de mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto,
Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en el corazón de todo el que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo el que habla de mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me oye.
¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor!
Amén.