Jueves de la 4ª semana de Cuaresma
Oración inicial
Señor, concédeme verte más claramente,
amarte más entrañablemente, y seguirte más de cerca,
día a día.
Escritura
Lucas 10:17-24
17 Los setenta regresaron con gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18 Y Él les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño. 20 Sin embargo, no os regocijéis en esto, de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
21 En aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. 22 Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
23 Y volviéndose hacia los discípulos, les dijo aparte: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis; 24 porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron.
Reflexión
El regreso de los 72 discípulos, llenos de alegría por su éxito al expulsar demonios en nombre de Jesús, pone de relieve el profundo impacto de trabajar en consonancia con la autoridad divina. La respuesta de Jesús: «Vi a Satanás caer del cielo como un relámpago», les reafirma en que sus esfuerzos contribuyen a la derrota del mal. Celebrar estas victorias espirituales nos recuerda que debemos alegrarnos de los cambios positivos que ayudamos a conseguir mediante nuestra fe y reconocer la gran batalla espiritual en la que participamos.
Jesús dirige a Sus discípulos para que encuentren su verdadera alegría no en sus nuevos poderes, sino en el hecho de que sus nombres están «escritos en el cielo». Este cambio de perspectiva subraya que nuestra felicidad máxima debe provenir de nuestra relación con Dios y de nuestro lugar en Su reino eterno. Dar prioridad a esta conexión divina sobre los logros terrenales nos anima a centrarnos en nuestro crecimiento espiritual y en el significado eterno de nuestras acciones, fomentando un sentido más profundo y duradero de realización y propósito.
Contemplación
Me tomo unos instantes para imaginar la escena del relato evangélico que acabo de leer. Dejo que las palabras cobren vida en mi corazón. Visualizo el acontecimiento como si estuviera allí y formara parte de la historia. Presto atención a todos los detalles, las imágenes, los sonidos, los sabores, los olores y los sentimientos del acontecimiento. Me imagino como uno de los personajes de la escena o como yo mismo presente en la historia. ¿Qué mensaje tiene Jesús para mí? ¿Cómo me está hablando Dios personalmente a través de esta historia? Abro mi corazón a la inspiración del Espíritu Santo.
Acción de Gracias
Pido a Dios, Padre, que me dé una conciencia clara de los muchos dones que he recibido,
para que, lleno de gratitud por todo, pueda en todo amar y servir a la Majestad Divina.
Compañeros peregrinos
Sé fiel en las cosas pequeñas, porque en ellas reside tu fuerza.
– Santa Teresa de Calcuta
Oración final
Cristo conmigo,
Cristo ante mí,
Cristo detrás de mí,
Cristo en mí,
Cristo debajo de mí,
Cristo arriba de mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto,
Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en el corazón de todo el que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo el que habla de mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me oye.
¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor!
Amén.