Bienaventurados los que no han visto y sin embargo creen
Tomás … ¡gracias! Por aportar honestidad a nuestra fe. No pretendió ser mejor de lo que era. Empezó pidiendo pruebas y acabó alegrándose de la fe. Es el santo patrón de las transiciones y los pasos en la fe. La fe es un viaje. Es el santo de la fe en nuestro tiempo. La comunidad fue el lugar donde encontró la fe, después de haberla perdido cuando trató de ir en solo. Luego volvió a la comunidad de fe y emprendió un viaje de vida que le llevó al martirio en la India.
También encontró a Cristo al querer tocar sus heridas. Encontramos a Dios cuando entramos en sus heridas en las heridas de nuestro mundo. En la comunidad de fe de la Iglesia, podemos mantener nuestra fe. Aquí también crece nuestra fe. Tomás buscó la fe queriendo tocar las heridas de Jesús. Cuando Jesús le invitó a hacerlo, descubrió que no necesitaba hacerlo. Encontró la fe al estar presente con Cristo herido y descubrió allí su fe en la gloria de Cristo.
Nosotros podemos hacer lo mismo. Lo que se dijo a Tomás se nos dice a todos: «Creéis porque podéis verme. Dichosos los que no han visto y, sin embargo, creen».
Donal Neary SJ, Reflexiones evangélicas para los domingos del Año A