Encontrar lo extraordinario en lo ordinario

Así como nunca somos conscientes del aire, así la presencia de Dios siempre nos rodea, tampoco nos damos cuenta de ella. El camino de la fe es un regalo de un Dios amoroso que da el primer paso y espera con paciencia, en silencio, casi con timidez, la respuesta humana.
La vida es una vocación, una llamada a buscar a este Dios tímido.
Este Dios tímido no vino al mundo con campanas ni truenos. Cuando era pequeño, buscaba a Dios mirando hacia arriba, intentando ver si podía encontrarlo a través de algún resquicio en el cielo. Hoy, cuando busco a Dios, miro hacia abajo, no hacia arriba, porque encuentro a Dios en las cosas pequeñas. Como ha dicho el papa Francisco, lo extraordinario lo encontramos en lo ordinario.
La mayor alegría viene de las buenas relaciones; la mayor pena y el mayor sufrimiento no vienen de perder el trabajo o los bienes, sino de las relaciones rotas y traicionadas. Todas las relaciones de amor tienen su origen en el amor que este Dios tímido nos tiene a todos.

John Scally, «Esperando con alegría»