Nuestras vidas pueden necesitar una afinada
Hace algún tiempo, durante un fin de semana de vacaciones en Londres, me propuse ir a una de mis iglesias favoritas de Londres, San Martin del Campo. En los últimos años, me ha ofrecido un espacio tranquilo y de oración para comenzar mis vacaciones. Aquella mañana, al entrar en la iglesia, me di cuenta de que no iba a ser una experiencia tan tranquila. En la parte delantera de la iglesia había un gran piano de cola. Sentado o, mejor dicho, arrodillado ante él, había un afinador de pianos. Estaba trabajando, tocando repetidamente una nota y haciendo cambios minúsculos en su tono mediante… bueno, ¡no estoy seguro de cómo hacía su magia!
Tomé asiento, cerré los ojos e intenté rezar. Pero las notas, las notas seguían llegando. Me resultaba difícil ignorarlas en favor de mis oraciones.
Después de un tiempo, descubrí que me dejaba atrapar por las notas y por los
cambios de tono que casi podía distinguir. Las notas agudas bajaban
en tono. Los bajos subieron. Se convirtió en una forma de rezar para mí.
En esa oración, me di cuenta de que hay muchas formas en las que podemos estar un poco fuera
de sintonía en nuestras vidas. Hay áreas que son planas, en las que experimentamos una sensación de estar decaídos, tristes, bajos o faltos de energía. También hay zonas de nuestra vida en las que somos bruscos, con nosotros mismos y también con los demás. De este modo, podemos estar fuera de sintonía con nosotros mismos y con los demás. Puede que necesitemos afinarnos para poder vivir en armonía con nosotros mismos, con los demás y con el plan de Dios para nosotros. Dios, a través de la oración, quiere conectar con nosotros.
Brendan McManus SJ y Jim Deeds, Salir del Lío