Qué maravillas ha hecho por nosotros el Todopoderoso
Aunque María sólo habló un puñado de veces en el Nuevo Testamento, su personalidad y carácter han hablado a innumerables creyentes desde entonces. Y no sólo a los católicos. María atrae a millones de personas a santuarios de todo el mundo. Además de santuarios bien conocidos como Guadalupe, Lourdes y Fátima, hay muchos otros santuarios marianos en todo el mundo que atraen a creyentes de otras religiones.
La vida de María fue un sí en respuesta a un amor más allá de todos sus sueños de amor. María tomó una decisión en respuesta a un don. Recibió el don de un encuentro con Dios, que se acercó tanto a ella que la carne humana de su Hijo unigénito se entretejió en su vientre. En el corazón de la vida de María estaba esta historia de amor con Dios, una historia de amor que idealmente puede estar también en el corazón de nuestras vidas.
Como toda buena madre, María nos pone en contacto con la dimensión afectiva de nuestra vida y nos libera para ser receptivos a Dios. El primer paso hacia Dios no es una cuestión de teoría. Tampoco es un ejercicio de mera fuerza de voluntad. Más a menudo se trata de abrir la afluencia básica de nuestras vidas para que estemos preparados para avanzar hacia la confianza, la bondad y el amor. Nos atoramos con facilidad en formas tediosas de hacer las cosas. Pero encontrar la profundidad de María es una humilde invitación a vivir desde lo más profundo de nosotros mismos. Ella nos ayuda a profundizar más allá de nuestro yo superficial, y a anclarnos en un arraigo que se remonta a través de las generaciones hasta Abraham y Sara, e incluso es anterior a ellos. Nos ayuda a ver las maravillas que el Todopoderoso ha hecho por nosotros. Nos permite regocijarnos en Dios, nuestro Salvador.
Thomas G. Casey SJ, María en diferentes tradiciones