Recibirás una recompensa por tu «sí»
Decir «sí» es una parte fundamental de nuestra relación con Dios; es nuestra libertad para decir «no». Hay tantas ocasiones en mi vida que, al echar ahora la vista atrás, veo claramente que dije «no» (aunque en aquel momento no lo entendiera como un «no» a Dios). Gracias a Dios, también recuerdo algunos momentos en los que dije «sí». Decirle «sí» a Dios nos permite ser una presencia viva de amor, alegría y misericordia en este mundo. Nuestro «sí» siempre nos lleva a amarnos y valorarnos a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos rodea.
En la historia y la tradición cristianas, hay muchas personas que dijeron «sí»: María, Jeremías, Moisés y Pedro, por ejemplo. Sus «sí» fueron importantes. Puede que no supieran exactamente a qué estaban diciendo «sí», pero tuvieron la sabiduría de saber que era Dios quien se lo pedía y que debían decir «sí».
Si te enfrentas a un «sí» difícil, recuerda que estás en buena compañía con los que te he mencionado arriba. Y ten en cuenta también esto: los que dicen «sí» están dotados para ese «sí» (por eso vemos cómo Pedro, el pescador sin estudios, se convierte en un erudito y líder de un nuevo movimiento: un santo). Tú también serás recompensado por tu «sí».
Jim Deeds y Brendan McManus SJ, «Encontrar a Dios en el caos»