Un nuevo fuego se enciende en nosotros
La Pascua nos dice que Cristo vino a salvarnos de nosotros mismos. Ése es tanto el don como el reto de la resurrección. Los Evangelios nos dicen que los discípulos estaban dispersos y avergonzados, rotos y desconcertados como comunidad. En cierto modo, nosotros somos iguales. Fueron restaurados a una nueva vida de mensaje y misión.
La Resurrección trata de la curación y restauración de las relaciones mallugadas y rotas entre Dios y la humanidad, entre unos y otros y, en última instancia, con los elementos del don único de la creación que hemos dañado e incluso destruido.
La Pascua nos da poder, nos inspira y enciende en nosotros un nuevo fuego de entusiasmo para convertirnos en la verdad y la evidencia evangélicas que proclamamos, dando testimonio de la presencia continua de Cristo resucitado entre nosotros ahora y siempre.
La Pascua trata de Aquel que murió abandonado, «con un aspecto tan desfigurado» (Isaías 53:14), como las muchas personas sin hogar y desplazadas, rechazadas y desamparadas, que encontramos hoy en día. El Señor nos acompaña ahora en nuestras propias cruces, a pesar del duro silencio, en el que susurramos o gritamos angustiados: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Incluso cuando Dios parece silencioso y distante, la Pascua nos dice que no estamos solos, sino que compartimos juntos la vida resucitada del Señor.
John Cullen, El Mensajero del Sagrado Corazón, septiembre de 2023