Vínculos desmedidos
Lo que Ignacio llama apegos desordenados puede apoderarse de nosotros: el orgullo, la avaricia, el miedo, el perfeccionismo, el apetito insaciable de afirmación instantánea que generan las redes sociales, la sobreestimulación, la expectativa de disponibilidad 24 horas al día, 7 días a la semana, el no darnos cuenta de que somos administradores de la creación y no sus propietarios, la obsesión por el prestigio y el estatus, el síndrome de «yo tengo más que tú» y todas las demás atracciones que nos alejan de Dios, de nosotros mismos y de los demás, dejándonos en un estado de turbulencia emocional, agitación y agotamiento.
Mi valor como persona no viene determinado por lo que tengo. Mis posesiones materiales, mis logros académicos, mis éxitos, mis ingresos y mi saldo bancario no definen mi valía como persona humana inestimable y única. Mi valía no está determinada por lo que hay fuera de mí. El mal espíritu, el enemigo de mi naturaleza humana, me haría creer lo contrario. Soy infinitamente más rico que eso. Es tan fácil quedar atrapado en lo que creemos que necesitamos y deseamos, pero a la clara luz del día revela el espejísmo que aparentan. La solidaridad de unos con otros, en lugar de la competencia entre unos y otros, es la idea que Dios tiene de la vida.
Jim Maher SJ, Caminos hacia una decisión con Ignacio de Loyola