2026-05-27

Después de que el ángel se apareciera a María, ésta fue a visitar a Isabel, su pariente. En aquel encuentro sagrado, ambas mujeres se llenaron de alegría y de la presencia de Dios. Incluso el niño que estaba en el vientre de Isabel reconoció el Espíritu de Dios que habitaba en María.

Su encuentro nos recuerda que el Espíritu Santo rompe todas las barreras de raza, nacionalidad y credo, uniendo los corazones en el amor y el reconocimiento de la presencia de Dios en cada uno de nosotros. Que también nosotros nos abramos al Espíritu en los demás y nos llenemos de la gracia, la alegría y la paz de Dios. Amén.