Conclusión: La cuna de entrada al enredado mundo de hoy

Scrittura

Comenzaremos la sesión con una lectura del Evangelio de Lucas.

Luke 2:15-20 NRSV

Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.
Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño;
y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Reflexión

Vamos ahora a Belén y veamos lo que ahí ha sucedido”. ¿Qué mejor forma de orar, que tomando un tiempo para observar la escena del nacimiento de Jesús e ir a Jerusalém? Toma una imagen de una tarjeta de Navidad, o pasa unos momentos frente a la cuna que tienes en tu casa o en la iglesia, o busca una escena de la Natividad en internet. ¿A qué se parece “ir ahora a Belén?

¿Qué más me llama la atención cuando observo la escena de la Natividad? Sobre todas las personas, es Jesús, recién nacido, igual que cualquier recién nacido, precioso, pero tan pequeño, totalmente dependiente de otros. María, su madre, como cualquier otra madre que ha dado a luz, cansada pero muy feliz. José, lleno de admiración por lo que ha sucedido, muy contento por haber hecho lo que le pidió el ángel. Los pastores, personas pobres y simples, aún asombrados por la visión de los ángeles y las noticias que acababan de escuchar. Todos los de la escena de la cuna fueron llamados a ir más allá de su forma de pensar y de actuar, por la mayor gloria de Dios. ¿Cómo fue esto posible? Ellos estaban abiertos al que los guiaba y los amaba.

Me imagino estar en el pobre pesebre. Puedo sentir la alegría y el amor, la profunda paz, lo maravilloso. Pero también la pobreza total, la oscuridad, lo desconocido, el desagradable olor de los animales y de la paja mojada. Más aún, este Salvador, el que cumple las promesas de Dios, nace en una gran pobreza, lejos de su propio hogar, ni siquiera en una casa o una hospedería, sino que en un pesebre de animales. ¿Cómo me impacta esto hoy día?

Recordamos las palabras del ángel; “No temas, mira – te traigo buenas nuevas de una gran alegría para todo el pueblo; para ti ha nacido, este día, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías del Señor”

Muchas partes del mundo están muy mal. Nuestro mundo se parece y huele como el establo de Belén. Algunas cosas en mi vida también huelen mal. Me quedo con las palabras o la imagen que más llama mi atención, y me pregunto si el nacimiento de Jesús es para mí una buena noticia de gran alegría. Reflexiono en el hecho que he sido regalado con un Salvador, uno que acoge mis debilidades y las debilidades del mundo.

Mientras terminamos nuestras reflexiones en Fratelli Tutti, nos recordamos que luego del encuentro en el pesebre de Belén, “los pastores volvieron a sus casas, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como se les había dicho”. Los pastores habían ido más allá de la cuna en Belén, hasta el enredado mundo de hoy. Solos llamados a hacer lo mismo, acercándonos fraternalmente a todos los que encontremos en nuestro camino a casa.

El Papa Francisco nos invita a recordar que “los seres humanos están hechos en tal forma que no pueden vivir, desarrollarse y encontrar la plenitud, excepto si con sinceridad, se entregan para servir a los demás. Ninguno puede experimentar la verdadera belleza de la vida en la relación con los demás, sin tener rostros reales que amar (FT87). El amor también nos lleva a la comunión universal. Ninguno puede madurar o encontrar la plenitud si se retira de los demás. Por su propia naturaleza, el amor llama a crecer en la apertura y la habilidad de aceptar a los demás” (FT95).

Conclusión

A lo largo de estas semanas de Adviento hemos sido invitados a escuchar al Papa Francisco cuando nos entusiasma a “caminar junto a los pobres, los abandonados, los enfermos, los descartados, los últimos”. Hemos sido entusiasmados a ir más allá de nosotros, y siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, tener un “corazón sin fronteras, capaz de ir más allá de las distancias del origen, la nacionalidad, el color, la religión, abierto a los forasteros”, abierto a todos (FT3).

Hemos sido acompañados en este camino por muchas personas clave en este relato de Adviento. Ellas fueron también llamadas a salir de sus zonas de confort, y a ir más allá de ellas abrazando un nuevo camino, uno que finalmente los llevó al humilde establo donde el nacimiento de un niño trajo la plenitud de la salvación para todos. Ellas continúan caminando con nosotros ahora, mientras abrimos nuestros corazones y nos acercamos en amor a nuestros hermanos y hermanas. Oh Ven, Oh Ven Emanuel, Dios es con nosotros.

O Señor, Trinidad de amor,
desde la profunda comunión de tu vida divina,
derrama en nosotros un torrente de amor fraternal.
Danos el amor reflejado en las acciones de Jesús,
en su familia de Nazaret,
o en la primera comunidad cristiana.
 
Permite que nosotros, los cristianos,
podamos vivir el Evangelio,
descubriendo a Jesús en cada ser humano,
reconociendo al crucificado
en los sufrimientos de los abandonados
y olvidados del mundo,
y resucitados en cada hermano y hermana
que comienza una nueva vida.
 
Ven, Espíritu Santo, muéstranos tu belleza,
reflejada en todas las personas de la tierra,
de modo que podamos redescubrir
que todas son importantes y necesarias.
Diferentes rostros de la humanidad
Que Dios ama tanto. Amen

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