Introducción

Acabamos de completar un año como ninguno en nuestra memoria, y ahora hemos llegado a un nuevo año, con todas nuestras esperanzas y sueños de un nuevo comienzo, pero también recordando los temores y problemas del año pasado. El período de Cuaresma nos entrega una oportunidad, enviada por el cielo, para reflexionar y orar sobre nuestra reciente experiencia, y sobre las dificultades y las posibilidades que ahora se nos presentan.

El año 2020 nos ha desafiado, tanto en forma individual como colectiva, en aspectos que nadie podría haber imaginado. Nos ha enfrentado con la pregunta si deseamos volver atrás a como las cosas eran, o a “crecer desde atrás en mejor forma”. Nos ha desafiado a reflexionar en qué clase de personas realmente deseamos llegar a ser, y en qué mundo deseamos entregar a las futuras generaciones.

Cada uno de nosotros/as tiene su propio rol que cumplir en el gran relato de la transformación. La “Transformación”, podríamos pensar, no es para nosotros, personas communes y corrientes. Los santos y los héroes la hacen, no humildes peregrinos recorriendo un rocoso camino. Realmente, lo opuesto es la verdad. La transformación sucede, un peregrino cada vez, paso a doloroso paso, precisamente en el rocoso camino de la vida. El Evangelio nos entrega una vision y un mapa de esta jornada.

Podríamos ver la experiencia del año 2020 como un particularmente difícil camino que hemos tenido que remontar, al movernos desde todo lo pasado hasta todo lo que deseamos llegar a ser. Si llegamos a esta meta, y aceptamos la invitación a la transformación, descubriremos que el camino nos lleva a través de todas las dificultades de este tiempo; pero también nos encontramos con la promesa de un mañana diferente y novedoso. Las dificultades resultan ser las catalizadoras del cambio. En el principio, lo recordamos, el Espíritu aleteaba, no sobre el orden, sino sobre el caos, llevando adelante una nueva creación.

Estamos recorriendo este camino en forma personal; pero también lo estamos haciendo junto a la familia humana. Me gustaría presentarles a un peregrino muy particular, que nos estará acompañando en nuestra Cuaresma de este año. Él ya puede ser muy familiar para tí; o quizás nunca lo habías conocido. No importa; él no te lo reprochará. Su nombre es Ignacio de Loyola; pero durante este retiro lo conoceremos con Iñigo. Iñigo luchó sus propias batallas, hace quinientos años, y estaba inspirado a llevar notas sobre su jornada interior, con todos su dones y gracias, y sus momentos de tentaciones y desesperanzas. Estas notas formaron la base de sus Ejercicios Espirituales. Lo que no siempre se sabe es que Iñigo era un laico,al llevar adelante esta formidable jornada y entregarnos sus Ejercicios. Ellos han guiado a millones de investigadores espirituales desde entonces, y ellos resuenan, en forma profunda, con la psicología y la espiritualidad del siglo 21.

Lo primero que Iñigo desearía decirnos es lo siguiente: “No me sigan a mí, Sigan al Uno que yo sigo”. La espiritualidad ignaciana está totalmente centrada en Cristo, y guiada por el Evangelio. Nos entrega una especie de caja de herramientas espiritual, para ayudarnos a llevar adelante la jornada junto al Evangelio, en forma práctica y accessible. Estaremos usando estas herramientas extensivamente durante el retiro. Nos muestran formas de reflexionar dónde nos encontramos en nuestra relación con Dios, y en cómo podríamos comenzar a caminar más cerca de los pasos de Jesús, aprendiendo de Él, como aprendices, buscando internalizar sus valores y sabiduría en nuestras vidas. Esta jornada nos llevará, como lo hizo para Él, a los lugares más oscuros de la Semana Santa, y luego más allá, hasta la alegría del nuevo amanecer del Domingo de Resurrección. Sobre todo, nos preguntará lo siguiente: “¿Qué te está pidiendo ahora el Amor, en el lugar, tiempo y circunstancias en que te encuentras?”

Mientras llevas estos temas a tu oración, Iñigo te indicaría una forma de diseñar la rutina de tu oración diaria, como sigue:

- Reflexionar en qué le estás pidiendo hoy al Señor – ¿qué don o gracias buscas especialmente? Jesús una vez le preguntó a un hombre ciego: “¿Qué deseas que yo haga por tí?” (Lucas 18:41). El ciego le dijo que quería ver de nuevo. Piensa en cómo habrías contestado tú esta pregunta. Quizás estás buscando tener una vision más clara, en algunos aspectos de tu vida?

- Tomar algunos momentos cada día (quizás 10 a 15 minutos), en recordar cómo ha sido este día para tí. Esta forma de orar es llamada el Exámen, o simplemente la Revisión del Día, e Iñigo insistía a sus compañeros a nunca dejar de hacerla, incluso si no tenían tiempo para otra forma de oración. No se trata de revisar detalle a detalle lo sucedido en el día, sino simplemente una forma de relajarse ante la presencia de Dios y recordar lo que más te ha emocionado, desafiado, turbado o consolado. ¿Dónde ha estado Dios en los sucesos del día? ¿De qué estás más agradecido? Hay algo que, durante tu reflexión, te gustaría haber hecho en otra forma, o no haberla hecho? Sencillamente trae todo a tu oración, sin juzgarte, ni juzgar a nadie, y pide la luz del Espíritu Santo para poder ver lo que Dios desea que veas.

Mientras lees el texto del Evangelio sugerido para cada sesión, emplea cualquier forma de oración que te ayude. Quizás la oración del corazón en escucha (lectio divina), o quizás imaginarte estar oresente en una escena en particular (meditación imaginative) y abriendo tu corazón a lo que Dios desee revelarte.

Mientras recorres tu jornada. podría ser de ayuda llevar tus propias notas, en la forma de un jornal o diario, anotando lo que ha tocado tu corazón o captado tu atención; qué gracia te ha traído esta semana, y cómo has sido desafiado o entusiasmado. Esto no tiene que ser una obra de literatura. no debería ser, sino que solo tus honestos sentimientos, que te indican a donde te llevan tus oraciones. Algunas personas prefieren dibujar imágenes en vez de palabras. La espiritualidad ignaciana te dice que debes usar lo que te ayude a estar cerca de Dios, y dejar de lado lo que no ayuda.

Que estas semanas de Cuaresma nos guíen para estar más cerca de Dios, de cada uno de nosotros, de todas las criaturas de Dios. y del profundo y sagrado origen de nuestro ser.

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