Quietud

Sesión 7: Amanece un Nuevo Día

Toma unos momentos para quedarte quieta/o al comenzar esta sesión:

Presta atención a tu respiración, sin cambiar su ritmo. Observa tu inspiración … y tu espiración …fijate en el ritmo … la profundidad … la sensación del aire entrando y saliendo de tu boca o nariz … toma tres respiraciones profundas … 

Lectura

Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.»
Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca.» Echaron la red, y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.» Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua.
Los otros discípulos llegaron con la barca — de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; y arrastraban la red llena de peces.
Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y a pesar de que hubiera tantos, no se rompió la red.
Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor.

Juan 21: 4-12

Reflexión

Los discípulos están traumatizados. El amigo que ellos creían había venido a salvar el mundo, ha sido brutalmente ejecutado, y ellos son conocidos como sus colaboradores. En su desesperación, se han vuelto donde todo comenzó, a sus barcas de pesca; pero no han pescado nada. Incluso el lago les refleja el enfermo vacío de sus corazones.

Sin embargo, la oscuridad del Viernes Santo y la tumba vacía, están a punto de dar la llegada a un nuevo amanecer y a una plenitud inesperada. Se fijan en un desconocido en la orilla.

Es algo característico de casi todas las apariciones de Jesús resucitado, el hecho que las personas a quien Jesús se aparece, no lo reconocen. En la barca de pesca, en una mañana llena de tristeza, solo una persona lo reconoce: aquél “a quien Jesús amaba”. Esto sugiere que sólo reconoceremos la presencia resucitada, a través de los ojos del amor, y cuando abramos esos ojos interiores, veremos los signos de la resurrección rodeándonos. 

Iñigo nos guía hacia el milagro de la resurrección en la Cuarta Semana, o etapa, de sus Ejericios. Nos invita a estar presentes, en oración, a las apariciones del Cristo resucitado, y a reflexionar en lo que la resurrección significa para nosotros en nuestra vida diaria. Como siempre, nuestro práctico compañero está interesado en que nosotros veamos la resurreción, no solo como un hecho histórico en el que creemos, sino que como una dinámica realidad, que nos llama y nos permite vivir nuestras vidas en plenitud, y crecer, desde el pasado traumático, y llegar a ser mucho mejor que antes.

Un poco antes de nuestra jornada de Cuaresma, nuestra vida era una “barca” que comenzó a navegar cuando Jesús se subió a ella, y nos pidió que fuéramos hacia aguas profundas. Ahora, al acercarnos al final de esta jornada, nos presenta con otra inesperada invitación: que coloquemos nuestras redes en el otro lado de la barca. Esto no tiene sentido lógico: si no hay peces en un lado de la barca, ¿porqué podrían haber al otro lado, y en tal abundancia? Pero los discípulos hacen lo que Él sugiere.

Quizás esta instrucción, cuando reflexionemos hoy sobre ella, nos está invitando a observar la vida desde un punto de vista radicalmente diferente. Quizás si lo que vemos como un bloque del camino, que nos hace tropezar, es en realidad un peldaño para levantarnos. Quizás la persona que nos importuna tanto, es como la piedrecilla de la ostra que será la futura perla. ¡Quizás se nos está pidiendo que ampliemos nuestra mirada…

Pero la lectura de hoy nos promete que el tiempo de frustación y desesperanza está por terminar. La transformación se ha efectuado en la tumba y ha generado una nueva energía, la que será capaz de transformar nuestro mundo. También es una promesa que la transformación puede suceder en nuestras propias experiencias de oscuridad, decepción, y de la muerte de nuestros sueños; pero nos pide que cambiemos la forma en que vemos las cosas al echar las redes por el otro lado de la barca. Nos hemos tenido que adaptar mucho durante el año pasado. Dios nos pide ahora que también demos vuelta nuestros corazones, para crear un mañana diferente, para crecer mejor desde atrás, con todo lo que la pandemia nos ha enseñado.

Pero, en este momento, un desconocido que ya conocemos, pero no lo reconocemos fácilmente, está preparando una merienda en la orilla. ¿Estamos preparados para juntarnos con Él para desayunar?

Habla con Dios

Nos rodean los signos de la resurrección: en la amabilidad de los extranjeros, en la fidelidad de aquellos que cuidan a los enfermos y los solitarios, en  las donaciones de alimentos, en los voluntarios de las comunidades, en la paciencia de los profesores, en la simple exhuberancia de un niño jugando, en la callada sabiduría de un anciano amigo, y en el nuevo crecimiento y cambiantes estaciones de nuestra herida tierra, la que continua dándonos tanto y sin condiciones – en todos de éstos y tantas otras maneras, encontramos el poder de la resurrección y el espíritu del Cristo resucitado. ¿Donde has encontrado al desconocido en la orilla, esta semana?

¿Qué significa para tí el “arrojar las redes por el otro lado de la barca”? Recuerdas algúna situación o relación en tu vida, en la cual sientes que Dios te pide que la mires desde otra perspectiva? Trata de mirarte en el espejo de tu oración esta mañana, y observa como se verían desde el otro lado de tu corazón.

El tiempo entre el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección, puede parecer un espacio vacío; pero es precisamente en este espacio vacio, donde sucede el milagro de la transformación y nueva energía es liberada, como la mariposa de la crisálida. Trata de traer, concientemente, todos los espacios vacíos de tu vida, a la luz del Espíritu Santo. Estos espacios son tus propios Sábados Santos, donde comienza la transformación.

Haz una nota en tu diario de vida, de cualquier momento de esta semana en que hayas apenas visualizado el poder de la resurrección. Mientras miras el espejo deoración, trata de expresar lo que ves, ya sea con palabras o dibujos. Toma nota de lo que te sorprende, o cambia tus espectativas.

Esta semana podríamos pedir la gracia de poder ver nuestras circunstancias a través de los ojos del amor, de reconocer la luz de la resurrección que está amaneciendo en nuestras vidas y nuestro mundo, y tener la valentía de cruzar al otro lado de la barca y estar abierto a las sorpresas de Dios, cuando menos las esperabas.

Espacio Sagrado

Crecer desde Atrás en Mejor Forma