Juan 12:20-33 LBLA
20 Y había unos griegos entre los que subían a adorar en la fiesta; 21 Estos, pues, fueron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. 22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús. 23 Jesús les respondió, diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24 En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto. 25 El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna. 26 Si alguno me sirve, que me siga; y donde yo estoy, allí también estará mi servidor; si alguno me sirve, el Padre lo honrará.
27 Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora»? Pero para esto he llegado a esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y le he glorificado, y de nuevo le glorificaré. 29 Por eso la multitud que estaba allí y la oyó, decía que había sido un trueno; otros decían: Un ángel le ha hablado. 30 Respondió Jesús y dijo: Esta voz no ha venido por causa mía, sino por causa de vosotros. 31 Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. 33 Pero Él decía esto para indicar de qué clase de muerte iba a morir.
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Reflexión on Juan 12:20-33 LBLA
Inspiración - 2024-03-17 Oración diaria
En toda muerte hay vida: éste es el gran mensaje de la Cuaresma y de la Pascua. El grano de trigo morirá y, a través de la muerte, nos alimentará. En la muerte de las relaciones, de la salud, de la fe y de todo lo que puede ser querido para nosotros, siempre está la invitación a una vida más profunda. En nuestra muerte final está la llamada a la vida eterna.
Es sorprendente que Jesús hable de la gloria y de su muerte al mismo tiempo. Tendemos a pensar en la muerte en términos negativos, y como motivo de luto e incluso de desesperación, pero fijémonos en el significado de la muerte de Jesús: que fue el paso necesario hacia algo mucho más grande, mucho mejor, no sólo para él, sino para todos nosotros. Quizá podamos empezar a contemplar las «muertes» en nuestras propias vidas con esta comprensión más profunda y verdadera.