Mateo 8:5-17 LBLA

5 Y cuando entró Jesús en Capernaúm se le acercó un centurión suplicándole, 6y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, sufriendo mucho. 7Y Jesús le dijo: Yo iré y lo sanaré. 8Pero el centurión respondió y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; mas solamente di la palabra y mi criado quedará sano. 9Porque yo también soy hombre bajo autoridad, con soldados a mis órdenes; y digo a este: «Ve», y va; y al otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace. 10Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande. 11Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. 12Pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes. 13Entonces Jesús dijo al centurión: Vete; así como has creído, te sea hecho. Y el criado. fue sanado en esa misma hora.

14Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de este que yacía en cama con fiebre. 15Le tocó la mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía. 16Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos, 17para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomo nuestras flaquezas y llevo nuestras enfermedades.


Reflexión on Mateo 8:5-17 LBLA

Inspiración - 2026-06-27 Oración diaria

Durante los tiempos de encierro de los últimos tiempos, nos acostumbramos en cierto modo a que las cosas ocurrieran a cierta distancia de nosotros. Las visitas a los enfermos, la asistencia a misa e incluso el trabajo eran un poco impersonales. Parece que los acontecimientos de la historia de hoy no fueron distintos. El centurión romano hizo su petición, pero no buscaba ni esperaba una atención personal. Creía que el poder de Jesús bastaría para obtener lo que anhelaba, y así fue.