Ama a tu enemigo
«Amar a tu enemigo» es fácil para algunas personas. Hay quienes no pueden vivir sin un enemigo. Aprenden a alimentarse de la negatividad. Pueden hacer que los demás parezcan seres humanos horrendos que carecen de la bondad básica. Esta creación suele ser producto de su imaginación, pero es necesaria para mantener su propio sentido deformado de la autoestima y su impulso. Les encanta la presencia de un enemigo porque, sin él, tendrían que considerar su propio corazón y su propia alma, y esto les resulta demasiado difícil. Un enemigo proporciona la justificación para una visión del mundo que les distrae del bienestar personal.
Jesús sufrió entre tales personas. Le hicieron enemigo del pueblo para que conviniera a los que estaban en el poder. Que se nos proteja de tales personas y del daño que causan. El corazón es un espacio demasiado tierno para malgastarlo en semejante negatividad.
‘Jesús dijo: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». Y se repartieron sus vestiduras echándolo a suertes.’ (Lucas 23:34)
Alan Hilliard, Sumergirse en la Cuaresma