Hacer de nuestros corazones un pesebre para Jesús
Al celebrar la Navidad, se nos pide que abramos nuestros corazones, que hagamos de nuestros corazones un pesebre, un lugar para acoger y encontrar a Jesús. ¿Qué significa esto? Al escuchar hoy la historia de Navidad, ¿qué efecto tiene en nosotros?
Quizá seamos como los pastores, rebosantes de alegría. Quizá nos identifiquemos con María, que aún intenta comprender qué significa todo esto. Hay espacio para ambos. La comprensión que María tiene de Jesús es profunda e íntima, mientras que los pastores quizá sólo hayan arañado la superficie. Nuestra fe y nuestra relación con Dios pasan por temporadas. Los altibajos de la vida pueden cogernos por sorpresa, y puede que nos encontremos mirando las cosas de un modo distinto. Cuando se acaba el ajetreo del Adviento, la Navidad tiene una forma de pararnos en seco, de darnos tiempo para descansar en el asombro y dar gracias por la fidelidad de Dios en nuestras vidas. Este es un tiempo para sentarse con María mientras atesora y reflexiona.
Tríona Doherty y Jane Mellett, The Deep End: Un viaje con los Evangelios en el Año de Mateo