La conversión es comunión con Dios

El Papa Francisco tiene claro que la conversión cuaresmal y de por vida «lo pide todo de nosotros». La conversión exige un cambio de mente, de corazón e incluso de cuerpo, quizá hasta el punto de perder la vida. Sin embargo, el Papa Francisco fue igualmente claro al afirmar que la conversión no costará la felicidad, no nos privará de la realización humana. La felicidad depende de la santidad. La verdadera felicidad humana necesita la sanación y la esperanza que ofrece la santidad; la santidad nos ayuda a ser plenamente humanos. Ofrecerlo todo no es una opción entre otras, sino una apertura de nuestras mentes, corazones y cuerpos a la verdad, el amor y la plenitud. El objetivo de la conversión es la comunión con Dios y con los demás. El arrepentimiento es volverse hacia la santidad, volver a recibir «la felicidad para la que fuimos creados». La santidad es el distintivo de la auténtica felicidad.

Kevin O’Gorman, Viajar con alegría y gozo: Cuaresma y Semana Santa con Gaudete et Exsultate.