La esperanza es un don de Dios

Nuestra esperanza proviene del hecho de que Jesús está vivo, está con nosotros y está de nuestro lado. El ángel dijo: «No le busquéis entre los muertos». La esperanza no procede de nosotros mismos. Es un don de Dios, por el que hay que rezar y al que hay que dar las gracias. La esperanza es poder «estar vivo en la oscuridad» y saber que no estamos perdidos. Es escavar el huerto, seguros de que las plantas del año que viene crecerán. Es mirar a nuestros hijos y disfrutar del futuro que se extiende ante ellos como un regalo de Dios. Es estar seguros de que el amor puede crecer en el matrimonio y de que la vida puede continuar y desarrollarse en nuestros corazones aunque el amor se desvanezca. Es la esperanza compartida por las personas que cuidan incansablemente de sus seres queridos, por las personas que no se rinden con el hijo o la hija que está en la cárcel. Podemos pensar en muchas más esperanzas en la vida.

Nuestra esperanza es segura gracias a Jesús. Somos de esperanza segura porque resucitó de la muerte y porque está con nosotros todos los días. Somos de esperanza segura por el don de la fe que hay en nosotros, y podemos decir con alegría: «Felices los que no hemos visto, pero creemos». La sonrisa del Señor Jesús ascendiendo puede hacernos sonreír.
Donal Neary SJ, El Mensajero del Sagrado Corazón, mayo de 2024