Un enorme salto de fe

Estamos tan familiarizados con la historia de la Anunciación que puede resultar fácil dar por sentada la fe de María. Es fácil olvidar que el mensaje de Gabriel abrió un vasto horizonte nuevo para María. No dio a María ninguna garantía humana; no le ofreció un camino conocido o seguro. La sacó por completo de su zona de confort. Todo en este singular episodio exigía un enorme salto de fe: ya era bastante difícil aceptar que un ángel le hablara; era aún más difícil creer que una virgen pudiera concebir, ¡pero quién podía imaginar que cualquier mujer pudiera convertirse en la propia madre de Dios! Gabriel estaba creando un escena que rozaba lo absurdo. María no se paró a pensar en lo improbable de lo que se le anunciaba. Si lo hubiera hecho, lo más probable es que se hubiera negado a creer. María se centró en Dios. Creía lo suficiente en el poder y el amor de Dios como para aceptar el mensaje que Gabriel le comunicó. Se sumergió de todo corazón en el ilimitado océano de Dios al decir: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1:38).

Thomas Casey SJ, Sonrisa de alegría: María de Nazaret