Marcos 8:1-10 LBLA

1En aquellos días, cuando de nuevo había una gran multitud que no tenía qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 2Tengo compasión de la multitud porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer; 3y si los despido sin comer a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. 4Sus discípulos le respondieron: ¿Dónde podrá alguien encontrar lo suficiente para saciar de pan a estos aquí en el desierto? 5Y Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos respondieron: Siete. 6Entonces mandó a la multitud que se recostara en el suelo; y tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los iba dando a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente; y ellos los sirvieron a la multitud. 7También tenían unos pocos pececillos; y después de bendecirlos, mandó que estos también los sirvieran. 8Todos comieron y se saciaron; y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastas. 9Los que comieron eran unos cuatro mil; y los despidió. 10Y subiendo enseguida a la barca con sus discípulos, fue a la región de Dalmanuta.


Reflexión on Marcos 8:1-10 LBLA

Inspiración - 2025-02-15 Oración diaria

El Jesús humano es tan bondadoso y comprensivo que sabe que esta inmensa multitud ya debe de estar hambrienta y luchará por volver a casa. Con demasiada frecuencia, mimamos y atendemos tanto las necesidades y deseos de nuestro cuerpo que descuidamos las necesidades de nuestra alma. El cuerpo siempre querrá más y más. Hagamos más por restablecer el equilibrio entre las necesidades del cuerpo y del espíritu.

No tenemos nada que no nos haya sido dado por Dios. Él nos proporciona el alimento que sustenta nuestros cuerpos, y con su propio cuerpo y sangre alimenta nuestras almas en la Eucaristía. Es a través de la Eucaristía como le damos el mayor agradecimiento, porque es la ofrenda y la oración de su propio Hijo.