San Ignacio de Loyola

Nuestra oración diaria en el Espacio Sagrado proviene de la tradición de la Espiritualidad Ignaciana. Así se denomina la obra de San Ignacio de Loyola, un vasco del siglo XV que experimentó una conversión radical en su vida. Ignacio fué el fundador de la Compañía de Jesús – Los Jesuitas

La vida de San Ignacio de Loyola

San Ignacio

Ignacio de Loyola («Íñigo») nació en 1491, uno de 13 hijos de padres de la nobleza menor de la villa de Azpeitia, Loyola, en la región vasca de España. Era un hombre mundano y un valiente caballero conocido por su vanidad y ambición. La oportunidad de su conversión se presentó mientras servía al rey de Navarra durante una batalla en Pamplona contra el ejército francés. A pesar de que Pamplona no podía defenderse contra el poderoso peso de los franceses, Ignacio dio la orden de no rendirse. Ignacio fue herido por una bala de cañón que le destrozó la pierna y la vida. Pasó muchos meses convaleciente en el castillo familiar de Loyola y durante este tiempo experimentó una conversión radical.

Durante las largas horas de convalecencia, Ignacio se quedó leyendo los únicos libros disponibles en la casa para pasar el tiempo. Estos libros eran las vidas de los Santos y los Evangelios, a diferencia a su elección habitual de ficción. Aquí, las muchas horas de lectura y reflexión dieron lugar a profundas experiencias espirituales. Ignacio se dio cuenta de su reacción ante lo que leía y de que la lectura de las vidas de los Santos y de los Evangelios le producía sentimientos de alegría y paz duraderas (que llegó a denominar «consolación»). También se dio cuenta de que la lectura de novelas mundanas, que antes le resultaban agradables, le satisfacían durante un tiempo, pero al final le dejaban una sensación de vacío (que llegó a denominar «desolación»). El sentía que eran pistas de Dios sobre su deseo para él y para la dirección de su vida.

Una vez recuperada la salud, Ignacio abandonó la casa familiar de Loyola en Manresa y dejó también atrás la vida de caballero. Comenzó su vida como peregrino, una vida de profunda oración, reflexión y realización de sencillos actos de bondad. Tras pasar muchos años recorriendo Europa, pasó once años en París estudiando Artes y Teología (de 1524 a 1535). Ignacio fundó La Compañía de Jesús en 1534 en París y a los 46 años se ordenó sacerdote. Fue el primer superior de la Orden de los Jesuitas. Ignacio murió en Roma el 31 de julio de 1556, a la edad de 64 años.

Ejercicios Espirituales

Ignacio se sintonizó con el deseo de Dios para su vida desarrollando su relación con la Divinidad a través de la oración constante. Intentaba «encontrar a Dios en todas las cosas» a lo largo de sus jornadas. Dedicó mucho tiempo a la oración y la reflexión y plasmó muchas de sus ideas y reflexiones en un libro. Este libro es lo que conocemos como los Ejercicios Espirituales y se ha convertido en uno de los libros más importantes e influyentes sobre espiritualidad, y sigue impactando a la gente 500 años después.

Los Ejercicios Espirituales ofrecen muchas formas de oración a las personas para ayudarles a desarrollar su relación con la Divinidad y lograr una presencia contemplativa en sus vidas. Una de estas formas de oración, esencial para Ignacio, es la oración del Examen. Se trata de una forma de oración que ayuda a las personas a desarrollar una sensibilidad para darse cuenta de dónde está Dios en los momentos y espacios cotidianos de sus vidas: los diversos acontecimientos, luchas, alegrías, etc. Los Ejercicios Espirituales fueron escritos por Ignacio cuando era laico y se basan en los asuntos cotidianos de la persona corriente. Ignacio percibió el toque de Dios en lo cotidiano y nos muestra cómo nosotros también podemos percibir y experimentar el toque de Dios en lo ordinario.

Orar a la manera ignaciana

Oración Diaria: Cada día Espacio Sagrado ofrece una nueva Oración Diaria que sigue el modo ignaciano de orar.

Oración nocturna: Ofrecemos una sencilla oración de Examen que puede utilizarse cada noche para repasar el día y tratar de ver dónde nos ha guiado Dios, y quizá dónde no hemos sabido ver el impulso del Espíritu.

Retiros: Nuestros retiros, El Camino de Ignacio de Loyola y Creciendo con Ignacio proporcionan una manera de sacar tiempo de nuestras ajetreadas vidas y caminar con la guía de la sabiduría ignaciana, para crecer más cerca de nuestro Dios y profundizar en nuestra vida espiritual.

Novena: La Novena de San Ignacio es una oportunidad especial para centrar nuestra oración en una intención concreta, y crecer en la aceptación de la voluntad de Dios para nosotros.

Al practicar en estas diversas formas de oración contemplativa guiada, esperamos entrar en una profunda relación personal con nuestro creador, y escuchar la voz de Dios en nuestra vida cotidiana.